2/5/11

Le marché et un gâteau aux myrtilles

Mercado el miércoles, mercado el jueves, el sábado también, el domingo por la mañana... Tenemos opciones de ir a muchos mercados, cada uno diferente, cada uno singular y todos o casi todos especiales. Me hace feliz ver variedad, comprar cosas diferentes y elegir la calidad de los productos que algunos agricultores y ganaderos miman desde el inicio de la cadena de producción.

El domingo por la mañana hemos ido con unos amigos al mercado. Flores, frutas, verduras, carne, pescado, huevos de granja, mantequilla y quesos de leche cruda... todo un lujo para el bolsillo pero también para el paladar.

Entre muchos otros, los frutos del bosque son una de mis predilecciones y con la mirada puesta en unos arándanos grandiosos fue imposible resistirme a hornear un bizcocho. ¿Su sabor? Aquel del bizcocho de nata que toda la vida hubo para desayunar en casa y... ¿en su interior? arándanos frescos, grandes y dulces, muy dulces y sabrosos.



Esponjoso, jugoso durante días, con un ligero sabor a limón y afrutado... lo seguimos saboreando todas las mañanas con el café. Mañana hay quien saboreará hasta la última y más pequeña miga del trozo que queda para pronto suplicarme que lo cocine de nuevo. Y lo repetiré, con mucho gusto.


g â t e a u   a u x   m y r t i l l e s

- 130g de mantequilla ablandada
- 1 1/2 tazas de azúcar moreno
- 2 1/4 tazas de harina sin gluten de arroz integral
- 1 1/2 tazas de arándanos frescos
- 200g de crème fraîche
- 3 huevos
- 1 1/2 cucharadita de levadura en polvo
- ralladura de limón
- azúcar glace para decorar

1. Batir la mantequilla hasta ablandar e ir incorporando los huevos uno a uno sin dejar de batir.
2. Añadir la crème fraîche y seguir mezclando.
3. Incorporar dos tazas de harina tamizada, la levadura y la ralladura de limón y seguir mezclando.
4. Con la 1/4 taza de harina restante rebozar los arándanos (previamente secados después de lavarlos). Añadir a la masa revolviendo con cuidado para que no se rompan y se les salga el jugo.
5. Engrasar un molde con mantequilla y extender la masa en él.
6. Hornear en horno precalentado a 175º durante 45-50 minutos o hasta que introduzcamos una varilla salga limpia.
7. Dejar enfriar unos diez minutos antes de desmoldar.
8. Espolvorear con azúcar glace por la superficie.

27/4/11

Kitchen

A veces me pregunto qué hay de malo emocionarse durante un solo segundo con la cosa más tonta que te puede pasar en un día cualquiera. Francamente nada, más bien todo lo contrario. "Eso" significa tener la sensibilidad a flor de piel y de "eso" me siento orgullosa por ser herencia de las que son las dos mujeres más importantes de mi vida: mi madre y mi abuela.

A veces, mientras cocino, me entretengo recordando y es que, si lo pienso bien, todas las escenas que más he compartido con ellas han tenido lugar en una cocina, algo que me ha hecho volver al libro de Banana Yoshimoto para releer: " Una cocina de sueño. Habrá muchas, muchas. En un corazón. O en la realidad. O en el destino de un viaje. O sola, o con muchos otros, o dos a solas, en todos los lugares de mi vida habrá seguramente muchas cocinas."

En la mía, en la realidad y sola (pero con muchos otros en el corazón), este fin de semana ha habido chocolate. Digamos que lo ha habido por placer y por necesidad, lo que me ha hecho descubrir un postre de esos que, al igual que las cocinas de mi vida, tampoco se olvidan.



m o e l l e u x   d e   c h o c o l a t

- 200 g de chocolate negro
- 5 cl de leche
- 1 yema de huevo
- 4 cucharadas de azúcar de caña
- 1 cucharadita de canela
- 2 cucharadas de fécula de maíz
- 6 claras de huevo
- mantequilla para engrasar el molde

1. Precalentar el horno a 180 ºC
2. Fundir el chocolate y mezclarlo bien con la leche.
3. Batir la yema de huevo junto con el azúcar. Incorporarla al chocolate sin dejar de batir y aromatizar con la canela.
4. Añadir la fécula de maíz. Mezclar bien.
5. Montar las claras a punto de nieve e ir incorporando a la mezcla del chocolate poco a poco.
6. Engrasar un molde o varios pequeños y verter la masa.
7. Hornear durante 20-30 minutos dependiendo del molde/s.
8. Dejar enfriar antes de desmoldar.



24/4/11

Un desayuno recorriendo la inspiración

Estoy escribiendo con la ventana abierta y con el sol pegándome en la espalda. Escucho a los pájaros que anidan en nuestra terraza y mientras, tomo el mejor desayuno que existe para mí: unas rebanadas de pan recién horneado acompañado de una buena mantequilla y mermeladas de todo tipo. ¿Se puede tener una paz mayor? Probablemente, pero no todos los días.


Ahora, que me han dejado sola y todos se han ido de vacaciones, las mías consisten en quedarme y aprovechar mis momentos de soledad para la inspiración. Me encanta escribir y encuentro en estos días a mis mejores aliados: el silencio, la paz interior, la luz del sol y la terraza rodeada de lilas y verde, verde por todas partes. Estos días me levanto y me da por cambiar la decoración de la casa, por dedicarme más a mí misma y dar un poco de culto al cuerpo... es decir, doy prioridad a todas esas cosas para las que en otras ocasiones no hay tanto tiempo. Tiempo... eso que siempre decimos que nos falta y en realidad no sabemos aprovechar.


Si echo la vista atrás, los últimos fines de semana de este mes han sido precisamente provechosos, es más, diría que ajetreados y a la vez tranquilos. Ha habido mar, parques, naturaleza, sol, villages, familia, amigos, picnic, museos, paseos, cenas, comidas, desayunos, bombones, tren, terraza, besos, abrazos y sonrisas.

Hemos estado en lugares fascinantes y digo fascinantes porque siempre me sorprendo de las maravillas que tenemos a la vuelta de la esquina y en las que a veces no reparamos. Sin embargo está bien así, el encanto de las cosas, de las personas y de los lugares es ir descubriéndolos poco a poco. Las prisas son inútiles, innecesarias y gratuitas. Y de esta justificación nacen los pequeños descubrimientos de este último mes. Tendría mucho que contar pero a veces una imagen vale más que mil palabras:

m e c h e l e n

 
k n o k k e
 




g o u d a

t e r v u r e n
De ellos aprovecho a escribir con mi taza de café ya vacía, después de un par de horas de recorrido mental y fotográfico.  Escribo ahora, ahora que los recuerdos aún están maduros y no me pierdo ni el más mínimo detalle.

Cuando escribir es un impulso momentáneo no lo hay que dejar morir o de lo contrario, nunca volverá.