2/12/09

El sigilo de una caminante por Madrid

El frío captura el silencio de Madrid. Solo mis ojos y mis pies. Y después las sensaciones.
Camino asociando ideas. Me atraen las hojas pisadas en las baldosas, ésas que se arrepintieron de caer del árbol y ahora se abrazan a cualquier zapato.
La calle se llena de zapatos a elegir pero todos transitan con premura marcando el ritmo acelerado de una mañana frenética. Los pies responden a la razón al igual que las prisas al estrés.
Todos somos extraños, quizás por eso domine la inexpresión. No me cruzo ni siquiera una sonrisa ¿nadie es feliz?
Los abrigos envuelven tanto los problemas que no dejan aflorar los sentimientos y yo me pregunto si hoy tu necesitas llorar; o tu deseas brincar de alegría; o en cambio tu quieres vaciarte de ira...
Hoy es un día más para todos aunque no sea un día cualquiera porque cada día tiene un qué, un dónde, un cuándo, un quién, un cómo y un por qué.

20/11/09

Mismo sentimiento, misma pasión

Ayer me emocionaba a la vez que me identificaba leyendo sobre Isabel Allende:

Isabel Allende: El 8 de enero de 1981 recibió la noticia de que su abuelo, al que adoraba, se moría. Ese día, la carta que comenzó a escribirle resultó ser el inicio de su primera novela. Desde entonces, cada 8 de enero empieza una novela y cada día, al ponerse a escribir, enciende una vela.

Yo: El 15 de enero de 2007 recibí la noticia de que mi abuela, a la que adoraba, se moría. La carta que comencé a escribirle resultó ser el inicio de una historia. Desde entonces, cada 15 de enero empiezo una historia nueva y cada día, al ponerme a escribir, pienso en ella.

La diferencia está en que no sé si algún día mis historias llegarán a ser novela pero me conformo con la felicidad de que ella disfrutase leyéndome.

18/11/09

Crónicas de Pushân: Tenerife Norte

Asomó el sol tras la Tejita. Apenas había amanecido y la temperatura ya rondaba los 20 grados en pleno mes de noviembre. Dos años sin pisar la isla hacían de este regreso una ocasión aún más especial y emocionante. La estancia sería corta pero la intensidad, infinita.

Me olvidé de noviembre y me planté en agosto. Un sol formidable irradiaba la ruta hacia el norte y conforme nos íbamos acercando, algo de extraño: ni una nube. Una invitación tan evidente y repentina a los shorts, los tirantes y las "cholas" no se podía rechazar.

El mar no se quiso quedar atrás y también me obsequió con un baño en la playa volcánica de El Bollullo. Un escenario tan marinero como éste nos abrió el apetito y la tentación nos redireccionó a un guachinche en el corazón de San Juan de la Rambla. Allí, aprovechando la oportunidad de elegir pescado fresco, nos animamos con unas viejas, unos chicharros y unas lapas. Buena y larga comida acompañada de una charla sosegada de amigos que hacía tiempo que no se veían.

Descansamos del cansancio y anochecimos en el tranvía a Santa Cruz, esa capital repudiada por muchos y adorada por otros. La descubrí de noche. Ese "nada de especial" me gustó, a veces el encanto está en el ambiente que se respira.

Por otro lado, su eterna rival: La Laguna y otra perspectiva: el día. Cielo azul y destellos multicolores en todo el recorrido por su barrio más histórico. Casitas bajas, preciosos balcones canarios, patios de vegetación frondosa a la par que maravillosa, palmeras y araucarias: sellos de un pasado colonial.

Arafo fue nuestra siguiente parada y mi sorpresa del viaje. Allí me esperaba una finca en plena colina rodeada de una cuidada y muy trabajada huerta en la que, tras una bocanada de aire, cerré los ojos y me concentré en ese buen momento de unión con la naturaleza y los buenos productos de la tierra. No me queda más que decir que admiro a sus dueños por amar tanto el buen hacer de las faenas del campo y por haberme agasajado con tantos y tan exquisitos manjares haciendo gala del codiciado "hecho en casa".

Y el mejor colofón: el último baño del año en los charcos de la Punta del Hidalgo con las montañas de Anaga de fondo. A partir de ese momento, el atardecer oscureció Tenerife y se apagó mi viaje.

Final feliz en tierras guanches, tres abrazos y un "Ahul sanet" que se repetirá pronto.