"Empezar por el principio, acabar por el principio, empezar por el medio, terminar por empezar y empezar por terminar... ¡Qué más da! El caso es disfrutar".
Así rezan los menús Aranori y Bekarki de un clásico en la gastronomía donostiarra, "Akelarre". Y así es la crónica de otro fin de semana con la maleta a cuestas, entre aeropuertos, kilómetros y distancias, lugares conocidos pero perspectivas diferentes y otra manera de viajar teniendo muy claro que a veces abusar de la improvisación es requisito imprescindible para un buen final, un principio determinante o un mejor medio. Conclusión: el orden no importa, tal y como dice Pedro Subijana.
Y ya que he empezado nombrándole, nos sitúo en la ladera del Monte Igueldo, donde el vértigo no es tanto el de la montaña "suiza", que no "rusa" según Franco, que incita al abismo desde la cima hacia la bahía donostiarra, sino las creaciones artísticas de un prestigioso tres estrellas Michelín de San Sebastián. Los detalles, que hay que vivir al margen de que haya opiniones para todos los gustos, me los guardo en la retina, en el paladar y también en el corazón.
No obstante y sin negar lo evidente, San Sebastián además de ser "Perla" por los baños de mar que formaban parte de los placeres refinados de los veraneantes en la Belle Epoque donostiarra, lo es por su serena elegancia. El mar en sus orillas parece que nunca embravece sino que languidece para que el atardecer, frente al puerto y la isla de Santa Clara, se convierta en una ceremonia de dos a ritmo de Barcarola, de pausada cháchara o de silencio. Ni qué decir tiene que el jazz también le sienta bien ya sea frente al carrusel del ayuntamiento, en la parte vieja o en el muro del Kursaal, esta vez bajo la luna llena. Mientras la contemplaba, me concentré plenamente en lo que dicen las conjeturas del ciclo lunar en esta fase sobre las decisiones importantes y los proyectos de vida.
26/7/10
20/7/10
Sabores de verano
El yogurt también es una buena opción para el verano y más cuando una se aprovecha de que es un postre ligero para echarle un poco de imaginación y añadirle unas pinceladas de creatividad culinaria y variedad de sabores.
Además, me apetecía estrenar otra pieza para mi colección: un pequeño bol que compré en mi último viaje a Francia, de entre los muchos que me encontré en las preciosas tiendas de Perigueux.
Y para rematar la mesa solo faltaban unas flores, las más sencillas, menos ostentosas y unas de mis favoritas...
... las margaritas.
Además, me apetecía estrenar otra pieza para mi colección: un pequeño bol que compré en mi último viaje a Francia, de entre los muchos que me encontré en las preciosas tiendas de Perigueux.
Y para rematar la mesa solo faltaban unas flores, las más sencillas, menos ostentosas y unas de mis favoritas...
... las margaritas.
19/7/10
Refrescante batido de melón
Madrid no se libera del calor sofocante y lo único que pide a gritos el estómago son cosas frescas para aliviar la sed.
Siempre me ha gustado la fruta y en verano apetece a todas horas. Me he pasado por la frutería y, cuando he visto el melón, jugoso y maduro, no he podido evitar pensar en un batido. Es fácil, cómodo y muy rápido. Sólo hace falta un poco de leche avainillada y, si el melón está bien maduro, ni siquiera necesita azúcar. La batidora hace todo lo demás.
Siempre me ha gustado la fruta y en verano apetece a todas horas. Me he pasado por la frutería y, cuando he visto el melón, jugoso y maduro, no he podido evitar pensar en un batido. Es fácil, cómodo y muy rápido. Sólo hace falta un poco de leche avainillada y, si el melón está bien maduro, ni siquiera necesita azúcar. La batidora hace todo lo demás.
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