Comienzan las despedidas, las ganas de agradecer y los horneados express para regalar 365 sonrisas. Los cambios siempre tienen su parte buena y su parte mala. La buena: la ilusión ante lo que está por llegar. La mala: las despedidas, la manera más nostálgica de entristecer.
En los últimos meses me refugio más que nunca en la cocina para sentirme útil y endulzar la vida de los demás y la mía propia. Mis viajes, mis recetas y lo que siento, llenan muchas páginas de mis cuadernos, esos que guardo como pequeños tesoros, y de este blog, mi mejor manera de compartir con vosotros lo que soy.
Siguiendo la sintonía del otoño que tanto me gusta e inspira, en esta ocasión elijo la calabaza por la originalidad de su hoja y el color de su piel.
La calabaza y la zanahoria son muy similares por eso para esta receta se puede utilizar una u otra indistintamente. Son esponjosos gracias al aceite de oliva y lo cremoso del puré de calabaza.
El toquecito de azúcar glas en la superficie los hace mucho más suntuosos así que me he alegrado de encontrar una caja y unos lazos para que no quedasen deslucidos.
e s p o n j o s o s d e c a l a b a z a
- 300 g de calabaza pelada
- 250 g de azúcar de caña
- 250 g de maizena
- 1 cucharadita de levadura en polvo
- 1 cucharadita de canela en polvo
- 4 huevos
- 1 vaso de aceite
- azúcar glas para espolvorear
1. Precalentar el horno a 180ºC
2. Trocear la calabaza y cocerla un poco hasta que pueda aplastarse con un tenedor para hacerla puré.
3. Separar las yemas de las claras y reservar.
4. Batir yemas y azúcar y una vez que están bien mezcladas ir añadiendo el puré de calabaza. Mezclar bien y por último ir añadiendo poco a poco el vaso de aceite sin dejar de batir.
5. Añadir la levadura y la canela a la harina y todo junto a la masa líquida que acabamos de obtener.
6. Montar las claras a punto de nieve e ir incorporando a la masa final poco a poco y con movimientos envolventes.
7. Engrasar pequeños moldes y hornear durante 15 minutos a 180ºC.
8. Dejar enfriar y espolvorear al gusto con azúcar glas.
9/11/10
7/11/10
Pastel de castañas y cobertura de chocolate / Chestnut cake with chocolate frosting
Me he pasado toda la noche ansiosa por despertar y ponerme a hornear. No lo puedo evitar, pocas cosas me hacen tan feliz como cocinar para alguien. Es una extraña combinación de nervios y satisfacción, la de hoy doble satisfacción porque hemos organizado una merienda de celíacos.
No es la primera vez y cuando lo hacemos me gustaría poder recoger la instantánea de cada uno de nosotros observando detenidamente y con los ojos abiertos uno por uno todos los manjares que ponemos sobre la mesa. Normalmente no estamos acostumbrados a ver tantos juntos. Por eso os sugiero que si tenéis a un familiar o amigo cercano con esta intolerancia, probéis a cocinarle un dulce. Solo por su sonrisa habrá merecido la pena.
Durante las últimas semanas os he hablado mucho del otoño y en ninguna ocasión he dado protagonismo a las castañas. Hoy quiero hacerlo porque además de que ya es la época, tengo que admitir que se han convertido en un fruto muy especial para mí.
Los dulces con castañas tienen infinidad de posibilidades y ya que tenía un tarro grande de puré, he aprovechado para hacer una cremita para el postre de esta comida de domingo. Simplemente he mezclado requesón con el puré de castañas (ya azucarado y avainillado) y un topping de cacao amargo.
Para la merienda de esta tarde, le he dado muchas vueltas a los pasteles de castañas y después de investigar mil y una recetas entre libros y blogs, he hecho una adaptación de la receta de My kitchen diaries.
El puré de castañas se puede hacer fácilmente cociendo las castañas en agua o en leche y añadiendo azúcar y vainilla al gusto. Esta vez yo he utilizado uno que mi madre me ha traído directamente del Bierzo.
Por fuera queda un bizcocho muy clarito mientras que por dentro tiene el color del puré. Como sé que a mis amigos celíacos les gusta mucho el chocolate, lo he cubierto con un frosting en la mitad y en la superficie.
p a s t e l d e c a s t a ñ a s c o n f r o s t i n g d e c h o c o l a t e
Para el bizcocho
- 3 huevos
- 50 g de azúcar
- 160 g de harina sin gluten (he utilizado maizena pero probablemente el resultado sea mejor con Schär)
- 25 g de mantequilla
- 1 cucharadita de levadura en polvo
- 1/2 cucharadita de sal
- 1/2 vaina de vainilla
- 100 ml de aceite de girasol
- 250 g de puré de castañas
Para el frosting
- 200 ml de nata líquida
- 200 g de chocolate negro
1. Precalentar el horno a 180ºC
2. En un bol batir los huevos con el azúcar. Incorporar la harina, la sal, la levadura y los granitos raspados de media vaina de vainilla.
3. Deshacer la mantequilla hasta que se quede cremosa e ir añadiendo poco a poco el aceite mezclando bien. Incorporar el puré de castañas sin dejar de batir.
4. Engrasar un molde y hornear a 180ºC durante 50 minutos aproximadamente.
5. Dejar enfriar y mientras preparar el frosting calentando la nata hasta el punto de ebullición y añadiendo el chocolate en trozos hasta que se derrita y quede bien mezclado.
6. Desmoldar el bizcocho y cortar en dos partes. En el medio añadir el relleno al gusto, en este caso la preparación de chocolate. Con lo que sobra, verter sobre la superficie como cobertura final.
Ésta también es mi contribución a la propuesta de HEMC#48.
No es la primera vez y cuando lo hacemos me gustaría poder recoger la instantánea de cada uno de nosotros observando detenidamente y con los ojos abiertos uno por uno todos los manjares que ponemos sobre la mesa. Normalmente no estamos acostumbrados a ver tantos juntos. Por eso os sugiero que si tenéis a un familiar o amigo cercano con esta intolerancia, probéis a cocinarle un dulce. Solo por su sonrisa habrá merecido la pena.
Durante las últimas semanas os he hablado mucho del otoño y en ninguna ocasión he dado protagonismo a las castañas. Hoy quiero hacerlo porque además de que ya es la época, tengo que admitir que se han convertido en un fruto muy especial para mí.
Los dulces con castañas tienen infinidad de posibilidades y ya que tenía un tarro grande de puré, he aprovechado para hacer una cremita para el postre de esta comida de domingo. Simplemente he mezclado requesón con el puré de castañas (ya azucarado y avainillado) y un topping de cacao amargo.
Para la merienda de esta tarde, le he dado muchas vueltas a los pasteles de castañas y después de investigar mil y una recetas entre libros y blogs, he hecho una adaptación de la receta de My kitchen diaries.
El puré de castañas se puede hacer fácilmente cociendo las castañas en agua o en leche y añadiendo azúcar y vainilla al gusto. Esta vez yo he utilizado uno que mi madre me ha traído directamente del Bierzo.
Por fuera queda un bizcocho muy clarito mientras que por dentro tiene el color del puré. Como sé que a mis amigos celíacos les gusta mucho el chocolate, lo he cubierto con un frosting en la mitad y en la superficie.
p a s t e l d e c a s t a ñ a s c o n f r o s t i n g d e c h o c o l a t e
Para el bizcocho
- 3 huevos
- 50 g de azúcar
- 160 g de harina sin gluten (he utilizado maizena pero probablemente el resultado sea mejor con Schär)
- 25 g de mantequilla
- 1 cucharadita de levadura en polvo
- 1/2 cucharadita de sal
- 1/2 vaina de vainilla
- 100 ml de aceite de girasol
- 250 g de puré de castañas
Para el frosting
- 200 ml de nata líquida
- 200 g de chocolate negro
1. Precalentar el horno a 180ºC
2. En un bol batir los huevos con el azúcar. Incorporar la harina, la sal, la levadura y los granitos raspados de media vaina de vainilla.
3. Deshacer la mantequilla hasta que se quede cremosa e ir añadiendo poco a poco el aceite mezclando bien. Incorporar el puré de castañas sin dejar de batir.
4. Engrasar un molde y hornear a 180ºC durante 50 minutos aproximadamente.
5. Dejar enfriar y mientras preparar el frosting calentando la nata hasta el punto de ebullición y añadiendo el chocolate en trozos hasta que se derrita y quede bien mezclado.
6. Desmoldar el bizcocho y cortar en dos partes. En el medio añadir el relleno al gusto, en este caso la preparación de chocolate. Con lo que sobra, verter sobre la superficie como cobertura final.
Ésta también es mi contribución a la propuesta de HEMC#48.
4/11/10
Normandía y la celebración de un otoño sin fin
Hemos pasado unos días en el norte de Francia. Una vez más es evidente que siento verdadera pasión por este país y cualquier excusa es buena para hacer una escapada. También había algo que celebrar así que no lo dudamos un instante.
El por qué de Normandía fue la sensación de que tenía que ser esta época del año: otoño, con posibles cielos encapotados pero sin mucho frío aún; las playas desiertas; los faros solitarios al caer el sol; las iglesias oscuras y frías sobre promontorios de verde asturiano...
Para mí Normandía vestía katiuskas, camiseta marinera, chubasquero y recogía manzanas para hacer sidra, jus de pommes y pommeau.
Éste no era el otoño de Asturias y no hubo castañas pero, en una similitud regional, seguimos soñando que sea aquel otoño por un sinfín de años más.
El por qué de Normandía fue la sensación de que tenía que ser esta época del año: otoño, con posibles cielos encapotados pero sin mucho frío aún; las playas desiertas; los faros solitarios al caer el sol; las iglesias oscuras y frías sobre promontorios de verde asturiano...
Para mí Normandía vestía katiuskas, camiseta marinera, chubasquero y recogía manzanas para hacer sidra, jus de pommes y pommeau.
Huyendo de desembarcos y demás historias bélicas, preferimos imaginarnos en los escenarios de uno de los grandes clásicos de la literatura, "Madame Bovary" de Flaubert. Así, caminamos Rouen, la ciudad de las agujas en sus muchas iglesias; atravesamos el asombroso Pont de la Normandie desde Le Havre con dirección a la famosa Deauville; en Honfleur, un bonito pueblo pintoresco a orillas del mar, no dijimos que no a unos moules (o mejillones) al roquefort; y en Étretat nos dejamos vencer por el miedo en sus acantilados vertiginosos.
Éste no era el otoño de Asturias y no hubo castañas pero, en una similitud regional, seguimos soñando que sea aquel otoño por un sinfín de años más.
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