23/3/10
No buscar para encontrar
Las búsquedas implican desesperación e impaciencia... y la suma: eternidad. Lo que tiene que llegar nunca llega hasta que la búsqueda deja de ser imprescindible y obsesiva. Levantarse con la ilusión y acostarse con la decepción nunca ha sido la mejor opción. Por eso el leit motiv debe ser una especie de "se laisser faire" por la vida misma.
15/3/10
Nosotras
Mientras viajaba en bus, la vista se me perdió en el horizonte del tiempo.
El número siempre ha sido tres: estaba la de mechas color avellana, la rebelde sin causa; la rubia de ojos achinados, la que callaba palabras feas y comenzaba a contagiarse de las travesuras de la adolescencia; y por último estaba la tercera en discordia, la morena de ojos verdes que se medía todos los días la melena a la altura de la espalda para que le dijésemos cuántos centímetros le había crecido. Esas éramos nosotras: una C, una M y una P.
Por aquel entonces las horas lectivas se pasaban entre risas, chismes e historias contadas en hojas cuadriculadas que danzaban de pupitre en pupitre. Cuando hablar en clase no era posible, la complicidad se volvía recíproca en el papel. Lo importante a esa edad era enterarse de lo que había pasado en la sala de juegos el viernes por la tarde; desgañitarse los domingos en los partidos del Narcea; quedar en las almenas con el chico que te gustaba; y pelear por que nos dejaran llegar a casa una hora más tarde el sábado por la noche.
Hoy, la C, la M y la P de aquellos divertidos diálogos escritos comparten historias en cuadrículas cibernéticas pero, cada vez que se juntan, siguen tejiendo una bufanda que da infinitas vueltas al cuello sin dejar de abrigar.
El número siempre ha sido tres: estaba la de mechas color avellana, la rebelde sin causa; la rubia de ojos achinados, la que callaba palabras feas y comenzaba a contagiarse de las travesuras de la adolescencia; y por último estaba la tercera en discordia, la morena de ojos verdes que se medía todos los días la melena a la altura de la espalda para que le dijésemos cuántos centímetros le había crecido. Esas éramos nosotras: una C, una M y una P.
Por aquel entonces las horas lectivas se pasaban entre risas, chismes e historias contadas en hojas cuadriculadas que danzaban de pupitre en pupitre. Cuando hablar en clase no era posible, la complicidad se volvía recíproca en el papel. Lo importante a esa edad era enterarse de lo que había pasado en la sala de juegos el viernes por la tarde; desgañitarse los domingos en los partidos del Narcea; quedar en las almenas con el chico que te gustaba; y pelear por que nos dejaran llegar a casa una hora más tarde el sábado por la noche.
Hoy, la C, la M y la P de aquellos divertidos diálogos escritos comparten historias en cuadrículas cibernéticas pero, cada vez que se juntan, siguen tejiendo una bufanda que da infinitas vueltas al cuello sin dejar de abrigar.
9/3/10
Diarios de Alcoba
Nada más lejos y nada más cerca de la realidad, tan sólo hechos.
Hechos que hoy te hacen estar arriba y mañana abajo.
La motivación es la fuerza que mueve a las personas.
Yo estoy hecha de impulsos y no quiero quedarme vacía.
El vacío es ausencia y la ausencia, el efecto de no estar.
Yo quiero estar porque sino el espacio es duro y la pena, un muro.
Hechos que hoy te hacen estar arriba y mañana abajo.
La motivación es la fuerza que mueve a las personas.
Yo estoy hecha de impulsos y no quiero quedarme vacía.
El vacío es ausencia y la ausencia, el efecto de no estar.
Yo quiero estar porque sino el espacio es duro y la pena, un muro.
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