8/11/09

Conversaciones trascendentales en el Lolina

Nos rodean sillones, butacas de abuela; papel de pared al más puro estilo “Cuéntame cómo pasó”; y lámparas de terciopelo y flecos… pero no estábamos allí para hablar de pasado por mucho rollo vintage que se respirase. Ambas nos sentamos junto a un té de hierbabuena con la idea de imaginar un idílico futuro inmediato, de poner punto y final a pensar que no llegará y abrir comillas al: “¿Y por qué no?”.

Nadie decide si merecemos o no ser felices pero, para bien o para mal, me gusta creer que hay un destino y que la vida me va dando pistas con las que juego a intuir, hilar y descifrar para que la historia sea más bonita.

Me gustan las historias bonitas.

3 comentarios:

IRIS dijo...

A mi también me gustan las historias bonitas, y esta, la verdad, es que pinta bien. Voy a buscar ahora mismo un paquete de pañuelos. Quiero estar lista para llorar de lo bonito que va a ser el final... ¡Me alegro tanto por ti!

Anónimo dijo...

y sabes qué? ahora que leo esto y me recuerdo en esos sillones... en la otra, en mi historia, me ayudó saber que siempre se pude seguir soñando. Me diste ganas de intentarlo, de hacerlo bonito. Hasta cuando no sale, hay que vivir bonito. ayudar al destino a que no se tuerza :-). siempre. hasta cuando no te acompañan las circunstancias.

Marta dijo...

Lo que te pensaba decir, te lo has dicho en el comentario: "Hasta cuando no sale, hay que vivir bonito". Gracias