13/10/09

Soy celíaco. No como harinas.

¿Quién dijo que ser celíaco fuese aburrido? Si todavía hay alguien que piense así quiere decir que aún no ha probado las convivencias juveniles en las que las palabras apatía, hambre o tristeza no existen. Solo hay que dejarse llevar y de repente: la monotonía desaparece, los problemas se olvidan y solo hay cabida para colmarse de una buena dosis de energía, dinamismo y buen humor.

La prueba más reciente ha sido la IV Convivencia de Jóvenes Celíacos organizada por FACE Joven del nueve al doce de octubre. En esta ocasión, ACECAN (Asociación de Celíacos de Cantabria) fue la anfitriona y consiguió reunir a cerca de 70 jóvenes llegados desde diferentes partes de España. El objetivo, al igual que en anteriores convocatorias, sigue siendo el de crear un punto de encuentro para toda aquella persona que, entre 18 y 35 años, desee conocer gente en su misma situación, intercambiar experiencias y, como no, pasar unos días fuera de casa sin preocuparse por la dieta sin gluten.

Los vítores del himno oficial “Soy Celíaco” y la bandera de FACE Joven conquistaron Cantabria a su paso por Solórzano, Santillana, Santoña, el Soplao, Laredo, San Vicente de la Barquera y Santander y la abandonaron por la puerta grande anunciando que pronto volverán. El lugar es lo de menos, lo verdaderamente importante es el reencuentro.

5/10/09

La despensa gourmet del corazón de Madrid

Hablar del Mercado San Miguel no es nada nuevo, y menos para los paladares más selectos de la capital. Este entramado de hierros, próximo a cumplir sus cien años de existencia, no permite zafarse a ningún amante del buen yantar o aficionado a la cocina. Por sus puestos se pasean diariamente centenares de asiduos, curiosos y turistas que si no caen en la tentación de comprar productos de primera calidad y además, diferentes y exclusivos en muchos casos, sí lo harán a la hora probar alguna de sus exquisiteces que saltan a la vista y al gusto con tan solo mirarlas.

22/9/09

Crónicas de Pushân: Cagliari

Ya lo narró el gran novelista D.H. Lawrence que se quedó prendado del cielo impoluto y la luminosidad deslumbrante de Cagliari. Así pues, a mí no me queda más remedio que corroborar su afirmación y dejarme llevar por una primera impresión para comparar su luz con la de Lisboa.

Tampoco hace falta ser muy ducho en arqueología para darse cuenta de que la ciudad es un testimonio vivo del paso de muchos pueblos que dominaron la isla durante siglos pasados: fenicios, romanos, bizantinos, sarracenos, pisanos, genoveses y aragoneses...

Siguiendo el patrón de las poblaciones meridionales de Italia, aunque separada de la bota, Cagliari nos muestra su lado más decadente, pero no por ello más desdeñable. Fachadas descuidadas con un encanto más que especial, colores tierra y ocres, otros más llamativos; cúpulas dominando las alturas e iglesias de estilos eclécticos dentro de la muralla; arcos bizantinos, calles estrechas, altares por doquier y simpáticas contraventanas. Buen fondo físico y gemelos activados es lo necesario para darse un largo paseo por el barrio del Castello.

El sabor a mar se degusta en la zona de Il Poetto y Calamosca. Un turquesa intenso se mezcla con un cielo que augura tormenta pero se ve vencido por los rayos de un sol radiante. Al fondo y entre una neblina casi densa, se perfila la silueta difuminada de las colinas sardas. La costa descansa de su embotellamiento veraniego y nos permite disfrutar del silencio, de la brisa y de la calma.

Mientras, el jolgorio se concentra en las inmediaciones de la piazza Yenne y del Bastione St. Remy. Terrazas y ambiente chill-out para disfrutar de las suaves temperaturas nocturnas y el horizonte de Casteddu desde las alturas.

Agradar al paladar es muy fácil: excelentes pizzas (afortunadamente algunas "senza glutine") y helados sin parangón. Con ese buen sabor y el del apacible desayuno desde la ventana de L´Arco, me quedo con la mejor estampa y recuerdo de una escapada y la mejor de las compañías.