De cristal o de lata, de colores o neutro, bonito, decorado y grande... sí, sobre todo grande. Así es el tarro de las tentaciones que hay a la entrada de la cocina.
Lo relleno una vez a la semana más o menos y si el tiempo libre me lo permite. Es evidente que yo caigo en la tentación y que me gusta caer pero sobre todo me resulta gracioso ver cómo los demás también sucumben y la forma en que lo hacen.
Sin ir más lejos, este fin de semana he invitado a algunos amigos a comer a casa. Hicimos una comida deliciosa, buen vino, postre, café y gourmandises acompañando... y al final de todo y después de haber comido considerablemente, mis dos amigas, con tono de niñas tímidas, me dicen: "Est-ce que je pourrais avoir une madeleine s´il te plaît?" ("Podría coger una magdalena por favor?"). El tarro está precisamente para eso, para abrirlo y caer en la tentación pero se ve tan bonito que parece que les da vergüenza hacerlo sin permiso. Me encantan las reacciones inocentes.
Cuando nos despedíamos les propuse llevarse unas pocas: la una para el viaje de vuelta a París y la otra, para su desayuno del día siguiente. Ambas se volvieron a hacer las tímidas pero miraron el tarro de reojo y acto seguido les dí las bolsitas. Me sentí satisfecha como las mamás.
Estos días no he tenido ni voy a tener mucho tiempo de hacer dulces más elaborados por eso cubro las necesidades con recetas sencillas que me permiten tener el tarro de las tentaciones lleno. No tener nada me produce sensación de vacío y para mí es importante endulzar los días. Además, poder contar con fruta de temporada es la excusa perfecta para entrar en la cocina y convertirla en magia.
m i n i m a g d a l e n a s d e g r o s e l l a s
- 3 claras de huevo
- 110 g de almendra molida
- 75 g de azúcar glace tamizada
- 40 g de almidón de maíz
- 50 g de mantequilla fundida
- 100 g de grosellas
- Ralladura de limón
1. Precalentar el horno a 180º C.
2. Fundir la mantequilla y dejarla enfriar.
3. En un bol, con un batidor eléctrico, montar un poco las claras de los huevos, añadir el azúcar glace y continuar batiendo.
4. Reducir la velocidad e incorporar la mantequilla, las almendras molidas, el almidón de maíz y la ralladura de limón.
5. Repartir la mezcla en unos moldes de magdalenas pequeños y añadir tres o cuatro grosellas a cada uno.
6. Hornear a 180ºC durante 10 minutos o hasta que la superficie se dore.
30/5/11
27/5/11
27 de mayo y unas cookies sin gluten
Y bien, en los calendarios siempre hay un día para todos: o es un santo, o un cumpleaños, o es el día nacional de..., o el día contra... ése que está dedicado a algo en especial y con el que, por alguna razón, nos sentimos identificados. Cuando son tantos los días que hay para todo, casi parece que al final el motivo acaba pasando a un segundo plano, sin embargo en cuanto somos protagonistas de ese día y hay algo por lo que luchar, la cosa cambia y queremos gritarlo al mundo entero. Ayer y mañana serán importantes para muchas personas pero hoy es importante para mí por ser celíaca. Nosotros también tenemos un día guardado en el calendario y es el 27 de mayo.
Esta tarde, mientras me sentaba a escribir tras la ventana calada por las gotas, se han apilado muchos recuerdos y para acompañarlos, me he dado un paseo por la cocina para buscar un vaso de leche fría y abrir el tarro de galletas casi recién hechas. Las meriendas son uno de los mejores recuerdos de mi infancia y el comienzo del relato que escribí para colaborar en el libro "Celiacos Famosos" hace ya casi dos años.
La enfermedad celíaca es bastante desconocida y digo bastante porque, aunque a la gente le provoca curiosidad nuestra dieta, no solo es la cuestión alimentaria y ya está. Por mi experiencia y según todas las personas que hemos escrito este libro, hay más detrás de ella y muchos otros síntomas que confunden un diagnóstico que ya de por sí no es fácil. Este libro, cuyos beneficios van a parar a proyectos de investigación, es una manera de contar en primera persona los momentos angustiosos, los graciosos, los difíciles pero también los felices. Es un compendio de muchos sentimientos y tanto si eres celíaco como si tienes a alguien cercano que lo es, te gustará leerlo para conocerle y comprenderle un poco mejor. Cada relato es diferente pero todos son sinceros y especiales.
No somos más prioritarios que cualquier otra enfermedad (y hay muchas) pero también necesitamos que se nos mime y que se nos tenga en cuenta; tampoco pedimos grandes cosas, sino las justas; y no nos quejamos sino que alabamos que los pasos se están dando hacia adelante.
Al igual que empecé con el comienzo de mi relato, termino con el final convencida de que "lo que embellece al desierto es que en algún lugar esconde un pozo de agua".
Plataforma por una Ley Celíaca Española 500.000 firmas.
Y la receta:
d o u b l e c h o c h a z e l n u t c o o k i e s
- 90 g de mantequilla
- 1/2 cucharadita de extracto de vainilla
- 55 g de azúcar moreno
- 1 huevo
- 110 g de harina sin gluten
- 50 g de avellanas molidas
- 25 g de cacao en polvo
- 50 g de chocolate de avellanas en trocitos
1. Batir la mantequilla, el extracto de vainilla, el azúcar y el huevo en un bol.
2. Incorporar las avellanas molidas, después la harina sin gluten y por último el cacao tamizados.
3. Amasar la mezcla hasta que se quede homogénea y envolver en film transparente para dejar reposar en la nevera durante media hora.
4. Precalentar el horno a 180ºC y cubrir la bandeja del horno con papel sulfurizado.
5. Ayudándonos de un molde, ir dando forma a las cookies. Insertar los trocitos de chocolate en cada una.
6. Hornear durante 8-10 minutos a 180ºC y dejar enfriar sobre una rejilla.
Esta tarde, mientras me sentaba a escribir tras la ventana calada por las gotas, se han apilado muchos recuerdos y para acompañarlos, me he dado un paseo por la cocina para buscar un vaso de leche fría y abrir el tarro de galletas casi recién hechas. Las meriendas son uno de los mejores recuerdos de mi infancia y el comienzo del relato que escribí para colaborar en el libro "Celiacos Famosos" hace ya casi dos años.
La enfermedad celíaca es bastante desconocida y digo bastante porque, aunque a la gente le provoca curiosidad nuestra dieta, no solo es la cuestión alimentaria y ya está. Por mi experiencia y según todas las personas que hemos escrito este libro, hay más detrás de ella y muchos otros síntomas que confunden un diagnóstico que ya de por sí no es fácil. Este libro, cuyos beneficios van a parar a proyectos de investigación, es una manera de contar en primera persona los momentos angustiosos, los graciosos, los difíciles pero también los felices. Es un compendio de muchos sentimientos y tanto si eres celíaco como si tienes a alguien cercano que lo es, te gustará leerlo para conocerle y comprenderle un poco mejor. Cada relato es diferente pero todos son sinceros y especiales.
No somos más prioritarios que cualquier otra enfermedad (y hay muchas) pero también necesitamos que se nos mime y que se nos tenga en cuenta; tampoco pedimos grandes cosas, sino las justas; y no nos quejamos sino que alabamos que los pasos se están dando hacia adelante.
Al igual que empecé con el comienzo de mi relato, termino con el final convencida de que "lo que embellece al desierto es que en algún lugar esconde un pozo de agua".
Plataforma por una Ley Celíaca Española 500.000 firmas.
Y la receta:
d o u b l e c h o c h a z e l n u t c o o k i e s
- 90 g de mantequilla
- 1/2 cucharadita de extracto de vainilla
- 55 g de azúcar moreno
- 1 huevo
- 110 g de harina sin gluten
- 50 g de avellanas molidas
- 25 g de cacao en polvo
- 50 g de chocolate de avellanas en trocitos
1. Batir la mantequilla, el extracto de vainilla, el azúcar y el huevo en un bol.
2. Incorporar las avellanas molidas, después la harina sin gluten y por último el cacao tamizados.
3. Amasar la mezcla hasta que se quede homogénea y envolver en film transparente para dejar reposar en la nevera durante media hora.
4. Precalentar el horno a 180ºC y cubrir la bandeja del horno con papel sulfurizado.
5. Ayudándonos de un molde, ir dando forma a las cookies. Insertar los trocitos de chocolate en cada una.
6. Hornear durante 8-10 minutos a 180ºC y dejar enfriar sobre una rejilla.
18/5/11
Mis días y mis noches
Todo lleva un proceso. Algunos son más cortos, otros más largos; unos más latosos, otros más llevaderos; los unos más sencillos, los otros más complicados; unos verdaderamente motivantes, otros enajenantes... pero al final, para bien o para mal, juegan esfuerzo, ilusión y espíritu.
He aprovechado para revisar mis carpetas de fotos y me he dado cuenta de las horas que he pasado tras el objetivo de mi cámara en los dos últimos años; otras tantas al calor del horno, otras tantas leyendo recetas; otras tantas escribiendo mis pequeñas historias; y muchas otras investigando mercados, comidas... en definitiva... convirtiendo una afición en mi día y en mi noche.
Día porque la luz es a la fotografía lo que el sol a las plantas. Noche porque cierro los ojos y se me amontonan ideas, recetas e inspiración. No conciliar el sueño a veces es agotamiento y otras, quimera.
Las texturas son fundamentales, el peso y los ingredientes también, todos los colores, las palabras... y después de unas cuantas horas cocinando, escribiendo, fotografiando, probando y logrando captar la esencia de todo el proceso... se agotó el día, se agotó la noche pero se colmaron mis aspiraciones.
He aprovechado para revisar mis carpetas de fotos y me he dado cuenta de las horas que he pasado tras el objetivo de mi cámara en los dos últimos años; otras tantas al calor del horno, otras tantas leyendo recetas; otras tantas escribiendo mis pequeñas historias; y muchas otras investigando mercados, comidas... en definitiva... convirtiendo una afición en mi día y en mi noche.
Día porque la luz es a la fotografía lo que el sol a las plantas. Noche porque cierro los ojos y se me amontonan ideas, recetas e inspiración. No conciliar el sueño a veces es agotamiento y otras, quimera.
Las texturas son fundamentales, el peso y los ingredientes también, todos los colores, las palabras... y después de unas cuantas horas cocinando, escribiendo, fotografiando, probando y logrando captar la esencia de todo el proceso... se agotó el día, se agotó la noche pero se colmaron mis aspiraciones.
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